31Ago/18

Manuel Escribano atendido en Sevilla por el cirujano taurino Domingo Jiménez tras el grave percance sufrido en Belmonte

El matador de toros Manuel Escribano, después de ser atendido por el doctor Domingo Jiménez en Sevilla, tras su grave percance en Belmonte el pasado lunes, sin todavía haber cogido un capote ni una muleta, ha decidido que en caso de que todo vaya bien en las sesiones de fisioterapia que correrán a cargo de José Antonio Salas, reaparecerá el próximo viernes en la plaza de toros de la localidad madrileña de Pozuelo de Alarcón, alternando con Curro Díaz y Jesús Martínez Morenito de Aranda.

Escribano sufrió en primera persona una experiencia sumamente amarga tras una cornada de 15 centímetros en la región perienal derecha, el pasado lunes por la tarde, en la plaza conquense de Belmonte, donde el galeno que le atendió, Javier Albendea, no se enteró de la gravedad de la herida. Tras una odisea en la que su apoderado, Raúl Gracia El Tato, fue decisivo para que la situación no acabara de manera dramática, Escribano fue operado de madrugada de urgencia por el doctor Pascual González Masegosa, un relato estremecedor que contó en estas páginas el diestro gerenense desde la clínica Santa Cristina, de la ciudad manchega, donde estuvo ingresado.

Después de la cura realizada hoy por el doctor Domingo Jiménez en Sevilla, Escribano respira más tranquilo: “La herida está bien. El doctor me ha dicho que tenga reposo. Y que empiece a andar y a torear de salón lo antes posible. De momento, no puedo todavía coger ni los chismes. Espero que a principios de la próxima semana me vayan retirando los puntos de la herida. Ya sabe que soy muy optimista y en lo que estoy pensado… Solo pienso en la reaparición. Si todo va bien quiero vestirme de luces el próximo viernes en la plaza de Pozuelo”.

El diestro gerenense afirma: “Si no es por El Tato y la operación por el doctor Masegosa, probablemente hubiera cogido, como mínimo, una infección tremenda. Además, por la cornada de Alicante, se hubieran complicado mucho mis problemas de circulación”.

El torero sevillano, al revivir su odisea, explica: “Lo peor de todo fue la anestesia, los pinchazos, el dolor, todo lo que me hicieron en la UVI de Belmonte… y todo para nada. Me siento impotente. No quiero hablar del médico de la UVI móvil de Belmonte. El tema lo he puesto en manos de la Unión de Toreros. Ya hemos tenido contacto con Juan Diego –presidente de la citada asociación–. Por el bien de todos los profesionales, espero que no vuelvan a suceder cosas así. Que tuvieran que operarme de nuevo de urgencia en Albacete me ha causado unos gastos, la clínica y me ha hecho daño”.

Manuel Escribano, más allá de los aspectos económicos, piensa en el riesgo de más que corrió su vida: “Si El Tato no me lleva a Albacete, hubiera tenido una infección de caballo y me hubiera buscado la ruina. En lugar de una o dos semanas, hubieran sido varios meses de convalecencia. Todo eso me da vueltas en la cabeza y ya hemos hablado con varios profesionales para que tomen cartas en el asunto”.

El espada, para evitar casos anacrónicos como el suyo y pensando en el conjunto de profesionales, concluye: “Los toreros, todos los toreros, deberíamos, de una vez por todas, asegurarnos de que los empresarios cumplan y que los médicos sean especialistas en cirugía taurina. Deberíamos movernos más y que se vigile que en cada plaza haya un equipo cualificado”.

Doctor Domingo Jiménez: «Para evitar tragedias, la SECT debería acreditar a los cirujanos taurinos»

El prestigioso cirujano taurino sevillano Domingo Jiménez, quien ha atendido a Manuel Escribano en una primera cura después del grave percance en Belmonte, sufrido hace cuatro días, señala: “La herida está bien. Es muy probable que de no haber sido atendido de nuevo se le hubiera infectado y hubiera tenido complicaciones. Tenga en cuenta que el doctor González Masegosa es el presidente de la Sociedad Española de Cirugía Taurina (SECT). Si hacen caso al cirujano de Belmonte, podría haber acabado en un drama”.

Con respecto a la labor de ese médico –Javier Albendea–, Domingo Jiménez explica: “Probablemente será un gran cirujano. Pero las enfermerías deben ser atendidas por especialistas. Esa herida –hablo a título personal– debería haberse explorado como hizo el doctor González Masegosa”. Para evitar tragedias y no retroceder medio siglo en la atención a los toreros en los ruedos, el doctor Domingo Jiménez apunta la siguiente idea: “La Sociedad Española de Cirugía Taurina debería acreditar a los cirujanos taurinos. Hay empresarios que contratan al equipo médico más barato. Además de los requisitos de la Administración, todas las enfermerías deberían contar con un especialista en cirugía taurina. Nosotros hemos sacado una beca para que entren los jóvenes que quieran aprender esta especialidad. Y todos los toreros, que ahora parecen más interesados, deberían aplicar más atención en este aspecto. Ellos tienen la llave”. / L. Nieto

Artículo Publicado en Diario de Sevilla (31/08/2018)
https://www.diariodesevilla.es/toros/manos-Union-Toreros-evitar-cosas_0_1277872861.html

29May/18

Ramón Vila, colega y amigo

Reproducimos el artículo de Opinión publicado hoy 29/05/2018 en el Diario de Sevilla:

Ramón Vila, colega y amigo

No sé si este razonamiento se acerca a la verdad, pero en el argot profesional donde nos movemos, existen a mi entender dos expresiones. Una, la de compañero, que me parece que define a aquél que tiene tu misma profesión pero no es de tu especialidad o actividad. El colega lo entiendo como aquél que, siendo de tu profesión, practica una actividad igual a la tuya, que, como es lógico, en determinadas ocasiones entra en conflicto profesional, pues el acto lo tiene hacer uno u otro.

La grandeza de las personas se incardina cuando surge esta cuestión y, sin embargo, la nobleza se antepone de manera que pervive el respeto a otro tipo de intenciones.

En el fondo es la rivalidad, como en los toreros, donde a pesar de que el mayor enemigo es el de tu propia profesión, se impone el respeto, pero cuando llega el momento de el tercio supremo, en esa soledad que impone el momento cuando tú eres el único actor, es cuando se saca toda la profesionalidad, no existiendo más rival que el divino hacer profesional.

El personaje que quiero mentar nos ha dejado recientemente, era como es de suponer un compañero y además colega. Me refiero a Ramón Vila Giménez, con el que concurrieron estas circunstancias.

Mediados los 70 estrenaba yo el largo recorrido de la carrera profesional donde coincidí con él. Uno de los dos grandes maestros que más han influido en mi vida profesional, era yo a la sazón su ayudante. En una época donde no existía la ecografía, la TAC era una excepción y no había hecho aparición la RNM y se comenzaba a implantar las endoscopias, el doctor Gil Mariscal era un erudito de las vías biliares buscando una solución con sus colangios preoperatoria y las manometrías intracoledocianas, al síndrome poscolecistectomia. Coincidíamos con el doctor Vila en mesas redondas, donde él defendía, en nombre del Departamento de Cirugía de la recién constituida Ciudad Sanitaria Virgen del Rocío, una novedosa técnica de la Vagotomía de Células Oxinticas como tratamiento de elección de la úlcera duodenal, cuando no existían los inhibidores de la bomba de protones y la única alternativa era la gastrectomía, técnica ésta de una gran complejidad y con una gran morbi-mortalidad.

Con el devenir del tiempo, entré en el mundo de la cirugía taurina como siempre pasa, por casualidad, y van más de 35 años. Pasé a ser colega en vez de compañero.

A pesar de ello, que es lo que quiero resaltar, siempre vi en él un respeto hacia los compañeros a pesar de que lo tenían casi idolatrado, con sus brillantes éxitos profesionales y con la famosa frase que dio la vuelta al mundo: «Que llamen a don Ramón».

Me lo demostró en mi debut como cirujano de la plaza de toros de la Merced de Huelva. El doctor Vila acudía todos los años a las Colombinas, dada su amistad con la empresa. En el primer espectáculo tuvimos nuestro primer percance. Cuando estábamos con el dispositivo activado, un subalterno se acercó al burladero en el callejón que él ocupaba y le dijo: «Don Ramón, acuda usted a la enfermería, la cornada es grave». A lo que él respondió: «En la enfermería hay un equipo lo suficientemente cualificado que no creo que sea necesaria mi presencia». En cierto modo era como darme la alternativa en este complicado mundo de la cirugía taurina.

Posteriormente organizamos el Congreso Nacional de Cirugía Taurina en Huelva, donde hubo un antes y un después en las normas de funcionamiento de las enfermerías taurinas.

Él colaboró eficientemente en la elaboración de los reglamentos taurinos, tanto estatal como el autonómico andaluz.

Y he compartido y tenido pacientes derivados de las heridas de asta de toro, donde la presión mediática tanto social como de profesionales empeñados algunas veces en la relevancia de asistir al herido, entorpecía nuestra labor.

Sin embargo, el gran legado que nos deja es, junto al doctor García Padrós y Val-Carreres Guinda y quizás otros tantos, de poner orden en el mundo olvidado de las perdidas enfermerías del orbe taurino.

Esta generación ha hecho un avance esencial al luchar contra esa imagen de un lugar privilegiado generalmente en la sombra, donde tras una copiosa ingesta de todo, se convierta en un ambiente festivo porque nunca pasa nada, en vez de un lugar serio y formal, donde somos conscientes de la responsabilidad que recae sobre nuestros hombros, cuando todo se frustra tras una cogida. Entonces se impone la seriedad y la profesionalidad para resolver lo que es posible de resolver y mitigar lo que no tiene arreglo.

Ramón formaba parte de aquellos que con su esfuerzo y buen saber han conseguido llevar la cirugía taurina al nivel de reconocimiento que se merece y, aunque no tenga categoría profesional de especialidad, sí debería ser acreditada como una vertiente importante del arte de la cirugía.

A nosotros, los cirujanos taurinos, nos corresponde recoger el testigo de su legado y luchar para que la cenicienta de la Fiesta, que es la taurotraumatología, tenga el protagonismo preciso para poder realizar correctamente su cometido, esforzándonos los profesionales en aprender de los compañeros en nuestro Congreso Nacional, donde acuden especialistas del otro lado del charco y de Francia y demandar a la sociedad y a los taurinos, tanto los que actúan en la Fiesta (que algunas veces se visten, más que de valientes, de inconscientes), así como a los empresarios y demás integrantes de la misma, hacerles llegar a la opinión que igual que se elabora un cartel con las mejores ganaderías y los mejores espadas, presuman también de contar con un equipo médico, que si bien consta con todos los preceptos que exige la Administración, deberá de contar con el reconocimiento al menos de los profesionales que integran la Fiesta.

Gracias compañero, colega y amigo por habernos iluminado el largo camino que nos queda por recorrer. Con tu buen hacer, ese camino de espinas se va a transformar en un camino de rosas y, con tu legado, quitaremos las espinas que tan bella flor conlleva, como es la cirugía taurina.

Fuente original: http://www.diariodesevilla.es/toros/Ramon-Vila-colega-amigo_0_1249675572.html